Palabra de honor

Los “aires” de Buenos Aires son considerados libres o caóticos según se mire.

Si venimos a visitar esta ciudad veremos que se trata de un lugar con muchas posibilidades, ya que es enorme y posee una gran vida cultural. Si venimos y nos hemos de desplazar en bus, metro (subte) o tren deberemos cargarnos de paciencia y asumir que tener un servicio de transporte eficaz aun está por conseguir.

En un país que destaca por ser el más desarrollado de toda latino-américa, no por ello deberemos creer que nos encontramos en Europa. Aquí se vive más o menos bien, pero aun falta mucho por hacer.

Pasear por Buenos Aires es una propuesta muy bonita, pero dura a la vez pensando que nos encontramos en un verano que se asemeja a nuestro agosto con mucha humedad, pero sin duda, vale la pena caminar.

Como lugar indispensable en nuestra agenda nos desplazamos hasta el Cementerio de la Recoleta. Aquí la muerte resulta tan cara como la vida, ya que en este cementerio descansan las tumbas de las familias más adineradas de toda Argentina y es que este lugar de descanso al que llegan pocos privilegiados es un culto a la muerte en todo su esplendor.

Este museo que deja a la vista de quien lo visita la muerte tan de cerca (es de los pocos museos en el mundo donde puede verse la tumba) explica la historia de quienes “residen allí”.

En una visita de una hora y media resultan fascinantes las miles de anécdotas que esconde este lugar y, por supuesto, las figuras importantes que descansan en él. Aunque todos ansiamos por llegar a la tumba de Eva Perón, lo cierto es que todo nos interesa.

Como anécdota graciosa destaca cuando Eva Perón visitó España y en aquella época la recibió casi con honores de princesa …algo extraño también, Franco.

A Franco no le gustaba que las mujeres fueran muy destapadas, pero aquel día Eva Perón haciendo caso umiso al generalísimo se puso un vestido “palabra de honor”. A lo cual Franco se acercó a ella y le dijo:

– ¿Está usted segura que esto no se va a caer??

A lo cual contestó Evita:

– “Palabra de honor” que no.

Y de ahí surgió el nombre de este escote femenino que deja al descubierto los hombros de la mujer.

Lo más curioso de todo es que en Brasil la traducción de este nombre es todo lo contrario y significa “ojalá que se caiga”, lo cual resulta más gracioso.

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