El último nómada

27 horas en el transmongoliano (ramificaciópn del mítico transiberiano) son las que separan a China de Mongolia. Dos países que hacen frontera sorprenden por la diferencia entre ambos que ya llega a percibirse nada más cruzar la línea que los separa y es que Mongolia se caracteriza por ser una país 3 veces más grande que España y con tan sólo 2 millones de habitantes de los cuales un 90 % vive en su capital (Ulan-bator) y el resto… nómadas, apenas se divisan entre su hermoso paisaje.

La capital no tiene nada que envidiar a las capitales europeas, ya que posee una modernidad que sorprende. No obstante, no nos encontramos en el bullicioso Beijing y aquí ya hay cierto interés por el turista internacional puesto que encontramos muchos letreros en inglés y gente que lo habla.

La ciudad no posee nada especial salvo su mítica plaza Sukhbaatar (lugar muy importante pues fue donde se proclamó la liberación política de China) donde hoy se encuentra el parlamento del gobierno y la estatua de Gengis Kanlugar, fundador del primer imperio mongol, el imperio contiguo más extenso de la historia.

Nada más salir de Ulan-bator nos esperan quilómetros y quilómetros de estepa, una mítica fusión entre paisaje y cielo que por fin nos conduce a ese relax tan soñado.

En el camino…marmotas, caballos, vacas, liebres, yeguas…y…¡nada de gente!! sólo sus nómadas con sus GER (casas de los nómadas) que de vez en cuando se divisan a lo lejos…¡nuestra estancia! ¡Donde vamos a dormir! Y es que conocer a las familias nómadas nos devuelve al pasado, lamentablemente no vivido por nosotros sino por nuestros padres y abuelos…¡la vida de campo!!!

Los últimos nómadas se encuentran en Mongolia, familias que hacen y deshacen su casa de 2 a 3 veces al año y sólo tardan una hora en montarla. En el interior del GER : una casa y toda una vida con ellos y algún que otro capricho tecnológico como una lavadora o una televisión por satélite. Para suerte o por desgracia (según como se mire) no podemos culpabilizar a nadie por “facilitar” su vida. Todos, sin excluir a nadie sucumbimos a la modernidad presidida por la tecnología.

No obstante, la vida nómada nada tiene que ver con nuestras vidas.

Los nómadas viven del ganado y sobretodo de la yegua…animal más que fundamental en este país de ella se extrae leche (buenísima), queso (muy fuerte, pero muy auténtico), té con leche y sal (sorprende lo de la sal, pero le da un toque especial), vozka (más suave de lo normal) y la bebida con la que te reciben nada más llegar, el “arec” leche fermentada de yegua. Esta bebida, obviamente, posee un poquito de alcohol y a mi me recordaba a la sidra. Al principio te resulta muy fuerte y beberse todo el cuenco, compartido por todos los presentes, es tarea complicada, pero ahora ¡ya la echo hasta de menos!

Respecto a la comida, Mongolia no destaca por su gran manjar, ya que todo se basa en la carne poco hecha y con muchísima grasa que está presente en todos sus platos. Aquí vamos a darle 10 puntos a China, ya que su comida es realmente muy variada con platos más que exquisitos. A Mongolia se viene a viajar como un nómada, tienda de campaña en mano y hornillo en la otra para cocinarte un buen arroz.

Mongolia no estaba en nuestros planes, ya que iba a ser un lugar de paso para encontrarnos con un transiberiano que deberemos dejar para otro año pues imposible ha sido conseguir el visado para Rusia (gases del viaje), pero sus 10 días de estancia nos convencen para volver y recorrer muchos más prados. Un país desconocido para todos que bien merece la pena visitar.

Anuncios

4 pensamientos en “El último nómada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s